lunes, 11 de abril de 2016

No contaré a nadie que irrumpiste en mi vida sin dejarme opción.
No contaré a nadie que cuando quise darme cuenta era tarde.

Y tuve miedo, claro, pero ésto también es secreto, no lo cuentes.
No contaré a nadie que tuve tanto miedo que te pedí compartirlo. 
Al fin y al cabo, el miedo compartido se digiere mejor.
No contaré a nadie el primer beso, la primera noche o el primer despertar.
No contaré a nadie que desde entonces no afronto mis problemas solo.
No contaré a nadie cómo es tu cuerpo, qué escondrijos guarda, esperando que nunca me encuentren si me pierdo en él.
No contaré a nadie lo gracioso de tu risa, con dos cervezas de más. 
Al igual que tampoco contaré que no hay mejor resaca que beber de tus labios, ni mejor indigestión que comer de tu sexo.
No contaré a nadie que Vargas Llosa tenía razón: lo perfecto es lo imperfecto y lo bello es lo normal.
No lo cuentes tú tampoco, se nos puede perder en el camino. Vívelo y ya habrá tiempo de contarlo.